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Los mundiales están llenos de gloria, tristezas, victorias y fracasos. Pero también de decisiones que rayan en lo ridículo, una de las cuales contribuyó a la eliminación de la selección Colombia del Mundial del 2026. En un partido regular, John Arias venía siendo el mejor futbolista colombiano en el disputado cotejo frente a Suiza. Para sorpresa de todos, Lorenzo ordenó su cambió en el minuto 65. Lo peor serían sus explicaciones.
Alguna vez leí que el cambió más estúpido de los mundiales había sido la entrada de Gianni Rivera por Boninsegna en el minuto 84 de la final del Mundial de 1970. En un mundial donde el fútbol ofensivo se había desatado, incluso por parte de los italianos, fueron estos los únicos que sentaron a un genio en la banca: Il Bambino d’Oro, Balón de Oro de 1969 y estrella del Milan.
El seleccionar italiano Valcareggi decidió, con escaso criterio, que “Gigi” Riva, el todavía máximo goleador histórico de la selección italiana no podía compartir cancha con Rivera. Cuando, por fin, lo decidió meter al campo, no sólo faltaban 6 minutos, sino que Brasil ya ganaba 3-1. Meterlo, tenía poco sentido futbolístico.
Personalmente, sin embargo, considero más inexplicables los cambios que hizo Pékerman, como entrenador argentino, en Alemania 2006. En el banquillo, ya difícil de explicar, se encontraba Lionel Messi, entonces con apenas 19 años.
En cuartos de final, liderados por Riquelme, con Crespo y Tévez de delanteros, Argentina vencía 0-1 a los locales en el minuto 79. Con Alemania lanzada, las espaldas al descubierto, todos quienes no sabemos de fútbol veíamos inminente la entrada de Messi. Rapidez, habilidad, espacio. Casi era garantía el segundo argentino.
Para sorpresa y estupor de todos, Pékerman mandó al campo, en lugar de Crespo, a un simpático gordito que jugaba en el Inter de Milan: Julio Cruz. No sólo dejó por fuera a Messi. Sentados también se quedaron Aimar y Saviola. Minutos antes, además, había sacado a Riquelme para meter a Cambiasso. Sin preocupaciones en defensa, los alemanes empataron y terminaría eliminando a los sudamericanos por penales.
La justificación de semejante despropósito fue que Cambiasso ganaría balones y Cruz compensaría la superioridad aérea de los alemanes. La historia está escrita.
Y luego Lorenzo, año 2026. Según sus propias palabras, sacó a Arias porque había miedo que lo expulsaran si llegaba tarde a un balón. Arias, no tenía tarjeta amarilla. Por tanto, una tarjeta amarilla no era causal de expulsión en ningún caso. Arias, por supuesto no es Messi, pero la decisión de sacarlo por un razonamiento equivocado dice mucho de la capacidad de gestión de un entrenador.
Más allá de si Campaz le dio la energía con la que también justificó su decisión Lorenzo, la realidad es que Colombia merece más profesionalismo en la banca. No hay seguimiento de tarjetas, no hay estudio de los tiros penales, no se presentan alternativas tácticas. La selección merece modernizarse y no volver a ese dudoso listado de sustituciones inexplicables.
