El fútbol hoy: analítica y visualización de datos

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Tags: Uruguay; Paraguay; Mbappé; Eliminación

Avanza el mundial de 2026, que a pesar de los 48 equipos y los cuatro cuartos que se inventó la FIFA, sigue interesando a los hinchas del fútbol. En Sur América, como siempre, al menos desde que tengo memoria, lo tomamos como una nueva oportunidad para demostrar que podemos mirar a los ojos a las grandes potencias económicas del mundo. Es quizás el único campo en que podemos hacerlo.

Al momento de escribir estas líneas, quedan en liza Brasil, Argentina y Colombia. Ecuador, salió, jugando un partido extrañamente pobre ante México. Quizás la inmensidad del Azteca se los comió. Lo de Uruguay y Paraguay es otra cosa.

Ambos jugaron igual, patada va, patada viene, pero los estamos juzgando diferente. Pienso que deberíamos tratarlos por igual porque la forma en que perdieron representa la pobreza general de nuestro fútbol. A la espera que Colombia diera la sorpresa, Sur América en los mundiales se limita a Argentina y Brasil. El resto mostramos, en general, poco.

El gran problema de Uruguay es vivir de su historia. Si me lo llegan a preguntar, lo primero que tienen que hacer es quitarse dos de las cuatro estrellas del escudo. Nadie en el mundo come cuento: ganaron dos olímpicos y dos mundiales. La historia de esas conquistas es épica, bellísima, hermosa, pero es en blanco y negro, cuando el fútbol aún no se transmitía en directo por televisión (casi que ni por radio). Entender la historia, de un país, de su deporte, es importante. Pero vivir inmersos en las glorias de antaño, pretender jugar casi exclusivamente con la garra del pasado, desconociendo que los grandes ídolos de hace más de 80 años eran excelentes futbolistas, que trataban con cariño el balón, es el mayor error de la celeste.

Uruguay tuvo una gran generación hace unos 10-15 años. Por un tiempo jugaron al fútbol, volvieron a ganar, y regresaron a las últimas instancias de un mundial. Pero, en general, escondidos en la gloria de antaño, su fútbol ha sido rácano, áspero, agresivo y nada elegante.

Suelen escudarse en Uruguay en los tres millones de habitantes. Sí, son un país pequeño. Pero también lo es Cabo Verde, que jugó al fútbol y perdió de una forma muy diferente ante Argentina a como lo hicieron uruguayos y paraguayos. Pero no son el único ejemplo. Croacia, tiene 3,8 millones de habitantes, apenas unos 300.000 más que hoy Uruguay. Jugaron la final de un mundial, jugaron dos semifinales y los eliminó el VAR por, literalmente, el roce de un pelo mal cortado. Su salida fue digna. O Costa Rica, que con sus 4.8 millones de habitantes en 2014 sorprendió al mundo. Derrotó a la propia Uruguay y cayó ante Holanda en cuartos de final. Holanda, Bélgica, Suiza, por cierto, países con alrededor de 10 millones de habitantes que tutean a gigantes como España, Alemania, Inglaterra, Francia o Italia. La calidad no debería reñir con la cantidad.

No es fácil triunfar con una base poblacional pequeña. Pero, precisamente esa historia uruguaya debería servir para debatir qué tipo de fútbol quieren de aquí al futuro. Creen intrínsicamente, ¿qué la única opción de triunfar es pegando más que el rival?

Paraguay es otra historia. Ha tenido grandes futbolistas, Arsenio Érico por encima de todos, pero han estado lejos de los uruguayos. Alfaro, el entrenador, ha construido una historia desde la pobreza para justificar el partido que jugaron ante Francia. Ante Alemania, Paraguay se defendió, como lo dicta la lógica futbolística, pero planteó un partido abierto con el balón y, sobre todo, no se sentían tan inferiores como para llenar de patadas y puños al rival.

Ante Francia fue otra historia. El “varonil” partido, el de la fuerza paraguaya, en realidad esconde una cobardía suprema. Defenderse lo han hecho mil y un equipos en la historia de este bello deporte. Es una estrategia válida. Defenderse desde el minuto 1, sin presentar ninguna alternativa de contragolpe, de asustar siquiera al equipo rival es triste. Preocupa más cuando confunden el campo con un cuadrilátero de boxeo.

Es cierto que perdieron apenas 1-0 y de penal. La prensa guaraní habla de equipo aguerrido y dignidad. Si uno se basa en el resultado final, tienen razón. Pero, por favor, vean cómo se llegó a eso. Nunca tuvieron oportunidad de aspirar más que a un empate milagroso. Debieron terminar con 10, quizás con 9 jugadores.

Perder es parte del fútbol. Defender también. Perder, defender y pegar como hicieron Uruguay y Paraguay refleja mucho de las carencias de nuestro fútbol en Sur América. Muchos dijeron, dijimos, que se jugó como en la Copa Libertadores. Es cierto, y es triste. ¿De cuándo acá la Libertadores es un torneo de boxeo y no de fútbol donde apreciamos el arte de controlar el balón, y no la “viveza” de pegar sin ser vistos?

Los que quedan, Argentina, Brasil y Colombia, han jugado algo más de fútbol e, incluso Colombia, muy subjetiva opinión, hasta ha movido elegantemente el balón. Pero sabemos que, dadas las circunstancias, perdiendo, impotentes, vamos a explotar y repartir la famosa leña de Copa Libertadores. Lo que debería ser algo excepcional, se torna común. No debería ser así.

Desde Conmebol debería trabajarse para recuperar el fútbol suramericano. Ese con el que crecimos quienes tenemos cierta edad. Era un fútbol técnico, donde primaba el control, el pase, la calidad técnica. Uruguay tuvo a Enzo Francescolli, no en blanco y negro. Paraguay a Romerito, no en blanco y negro. ¿Por qué no podemos trabajar desde la base para volver a mover el balón como lo hacíamos? Abogo porque el fútbol suramericano, el de Copa Libertadores sea primordialmente un fútbol de mimar el balón, no de jugar a no perder. ¿Defender? Claro. Pero sin necesidad de retirar del fútbol al rival. El primer paso es reconocer en qué estamos.

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